Cuernavaca fue durante gran parte del siglo XX una de las ciudades con mayor dinamismo económico del centro del país. Su cercanía con la Ciudad de México, su clima privilegiado y su vocación turística le permitieron consolidarse como un importante destino de descanso, inversión inmobiliaria y comercio. Pero durante los últimos 6 periodos de gobierno, es decir más de 18 años, la ciudad ha experimentado un crecimiento económico inferior al observado en otras capitales estatales, situación que ha generado importantes desafíos para quienes buscan emprender o consolidar un negocio, para subsistir en las condiciones actuales.
Uno de los principales problemas es el bajo crecimiento económico regional. Mientras ciudades como Querétaro, León, Puebla, Mérida, Aguascalientes o incluso Toluca han logrado atraer importantes inversiones industriales, tecnológicas y de servicios, Cuernavaca ha dependido en gran medida del comercio tradicional, los servicios y un turismo que presenta fuertes variaciones estacionales. La ausencia de grandes proyectos de inversión limita la creación de empleos bien remunerados y, en consecuencia, reduce el poder adquisitivo de la población.
Otro factor determinante es la falta de atracción de inversión privada. Las empresas suelen valorar aspectos como la seguridad, la infraestructura la disponibilidad de mano de obra especializada la conectividad y certeza jurídica antes de establecer nuevas operaciones y en Cuernavaca reina todo lo contrario en un paisaje gris y de retroceso, precisamente en estos rubros. Cuernavaca enfrenta una fuerte competencia de entidades vecinas que han desarrollado parques industriales, incentivos a la inversión y mejores condiciones en general de operación.
La inseguridad pública representa uno de los mayores retos para el sector empresarial. Robos a comercios, extorsiones, asaltos y otros delitos incrementan los costos de operación, obligando a muchos negocios a invertir en sistemas de vigilancia, personal de seguridad, seguros y medidas preventivas que afectan directamente su rentabilidad. Además, la percepción de inseguridad reduce la afluencia de consumidores, particularmente durante horarios nocturnos. Es triste ver a las 9 de la noche más del 75 por ciento de bares, restaurantes y centros nocturnos cerrados y la ciudad a eso de las 10:30 desolada, oscura y en mal estado, calles devastadas por el nulo mantenimiento, inseguras y con un clima de miedo generalizado.
La informalidad económica también constituye un desafío importante. Un elevado número de comercios opera sin cumplir plenamente con sus obligaciones fiscales, laborales o regulatorias, lo que genera una competencia desigual frente a los negocios formalmente establecidos los que dicho sea de paso, cada día sin los menos, los que deben cubrir impuestos, permisos, cuotas de seguridad social y demás obligaciones legales.
Y si a ello le se sumamos una burocracia administrativa que, según diversos sectores empresariales, puede hacer más lento y costoso el proceso para abrir, ampliar o regularizar un negocio. La obtención de licencias, permisos de funcionamiento, autorizaciones de uso de suelo o trámites relacionados con protección civil en Cuernavaca representan tiempos prolongados e incertidumbre para los inversionistas.
Otro elemento a destacar es el deterioro de la infraestructura urbana. Calles en mal estado, problemas de movilidad, deficiencias en algunos servicios públicos, mantenimiento insuficiente de espacios públicos y un centro histórico con necesidades de rehabilitación afectan la experiencia de consumidores y turistas, reduciendo la competitividad comercial de diversas zonas de la ciudad.
El turismo, tradicional motor económico de Cuernavaca, tampoco mantiene el dinamismo que tuvo décadas atrás. El crecimiento de nuevos destinos turísticos, la mayor competencia de otras ciudades, así como los cambios en los hábitos de viaje y la reducción del turismo de fin de semana proveniente de la Ciudad de México han disminuido el flujo constante de visitantes que anteriormente sostenía una parte importante del comercio local, hoteles y restaurantes.
La escasa diversificación económica constituye otra limitante. Cuernavaca depende principalmente del comercio, servicios personales, restaurantes y pequeñas empresas. La limitada presencia de industrias de alto valor agregado, reduce sin duda la generación de empleos especializados y limita el crecimiento del mercado interno.Muchos habitantes realizan compras de entretenimiento o servicios especializados en la Ciudad de México, Puebla o Querétaro, donde existe una oferta comercial más amplia y competitiva. Esta situación provoca una salida constante de recursos que podrían fortalecer la economía local.
además, existe un mercado relativamente limitado para ciertos giros comerciales de alto nivel, debido al menor crecimiento poblacional y a una capacidad de consumo que ha evolucionado más lentamente que en otras zonas metropolitanas del país.
Finalmente, otro desafío importante es la falta de una estrategia integral de desarrollo económico de largo plazo. El crecimiento sostenido de una ciudad requiere continuidad en las políticas públicas, hoy no hay promoción de inversiones, fortalecimiento de la infraestructura, seguridad, mejora regulatoria y colaboración entre gobierno y sector privado. Por más que el gris Presidente Municipal lo haga creer no se sabe cuál periodo de los dos que acabará por gobernar ha sido más desabrido. La ausencia de una visión estratégica dificulto consolidar proyectos que transformarán la estructura económica de Cuernavaca.
Qué pena decirlo pero hoy, operar un negocio en Cuernavaca sigue siendo muy complicado, derivado de su ubicación estratégica, calidad de vida y cercanía con la Zona Metropolitana del Valle de México. El éxito empresarial en Cuernavaca, exige enfrentar retos importantes relacionados con el bajo crecimiento económico, la inseguridad, la competencia de otras ciudades, la informalidad, la burocracia, la limitada atracción de inversiones y la falta de diversificación productiva. Superar estos obstáculos requerirá políticas públicas consistentes, una efectiva coordinación entre autoridades locales, estatales y el sector privado, así como una estrategia de desarrollo económico que permita a la ciudad recuperar la competitividad que históricamente la distinguió.
Estamos a nada de que empiece formalmente el periodo electoral y la lucha encarnizada por Gobernar la muy disminuida capital Morelense ya se empieza a visualizar en el horizonte, veamos si las y los precandidatos están a la altura de las necesidades de una ciudad capital que se ahogue en su propia historia y recuerdos de otrora ciudad boyante y de oportunidades un reto mayúsculo para quienes pretenden gobernarla.
Ese es mi comentario y nos escuchamos en la próxima.