CUANDO LOS AÑOS DE ACUMULAN

Por Irradia Noticias

¿Se ha detenido a pensar cómo se ve el futuro cuando los años se acumulan, pero la salud se merma?

No es una pregunta retórica ni un ejercicio de nostalgia. Es, en realidad, un llamado urgente a mirar de frente una realidad que ya está aquí, en Morelos y en todo México: el envejecimiento de la población bajo condiciones de enfermedad, abandono y fragilidad institucional.

Los datos —tomados de la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (Enasem)— no sólo retratan estadísticas nacionales; reflejan con crudeza lo que ocurre en miles de hogares morelenses. Hoy, 41.5% de las personas mayores de 50 años vive con hipertensión y 25.5% con diabetes. Pero más que cifras, son historias de vidas que avanzan con padecimientos mal atendidos. La progresión es alarmante: lo que hace una década era una condición controlable, hoy se ha convertido en una carga creciente que acompaña el envejecimiento.

En Morelos, como en el resto del país, envejecer no necesariamente significa vivir más, sino muchas veces vivir peor. Porque no se trata sólo de sumar años, sino de cómo se transitan. La evidencia es contundente: cada vez más adultos mayores enfrentan limitaciones para realizar actividades básicas como alimentarse o administrar su dinero. La autonomía, ese valor esencial de la dignidad humana, comienza a desdibujarse sin que exista una red sólida que la sostenga.

Y entonces surge la pregunta incómoda: ¿dónde está el sistema de apoyo? ¿En qué momento se volvió normal que un adulto mayor tenga que enfrentar solo el deterioro físico y económico? La promesa de un sistema de salud universal choca con la realidad cotidiana de hospitales saturados, falta de especialistas y desabasto de medicamentos.

Pero hay un aspecto aún más silencioso y profundamente preocupante: la salud mental. La depresión avanza con la edad, y lo hace con mayor fuerza en las mujeres.

No es casualidad. En Morelos, como en todo México, el rostro del cuidado tiene nombre de mujer. Son ellas quienes, incluso en la vejez, cargan con la responsabilidad de atender a nietos, enfermos y dependientes.

La paradoja es dolorosa: quienes necesitan cuidados son, al mismo tiempo, quienes los brindan. Mujeres mayores que postergan su propia salud, que sacrifican su descanso, que viven el desgaste físico y emocional sin reconocimiento ni respaldo institucional. Se envejece cuidando a otros, mientras nadie parece mirar quién cuida a quien cuida.

A esta realidad se suma la soledad. La viudez, que afecta en mayor proporción a las mujeres, convierte la última etapa de la vida en un tránsito solitario. No es sólo la ausencia de compañía, es la falta de una estructura social que acompañe, que escuche, que sostenga.

Frente a este panorama, las políticas públicas parecen quedarse cortas. Las transferencias económicas, aunque necesarias, resultan insuficientes cuando terminan absorbidas por el costo de medicamentos o necesidades básicas. El problema es estructural: no hay un sistema integral que atienda la salud física, mental y social de los adultos mayores.

Morelos no es ajeno a esta realidad. La vive, la padece y, en muchos casos, la normaliza. Pero normalizarla es el mayor riesgo. Porque detrás de cada cifra hay una historia de abandono institucional, de esfuerzos individuales que ya no alcanzan y de un futuro que, de no corregirse, será aún más complejo.

La verdadera transformación no puede medirse en discursos ni en programas aislados. Se mide en la capacidad de garantizar que envejecer no sea sinónimo de enfermedad, soledad o desamparo. Se mide en la dignidad con la que una persona llega al final de su vida.

Porque una sociedad que no cuida a sus adultos mayores no sólo falla en el presente: compromete su propio futuro.

You may also like

Leave a Comment

NOTICIAS DEL DÍA

ÚLTIMAS NOTICIAS

©2023 Irradianoticias, TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS