¡“No hagas daño a un periodista, porque lo pagarás toda la vida”!
De retorno a México tras la enorme satisfacción de haber cumplido y con creces mi participación como Sinodal del Jurado Calificador del Premio Cervantes en el Ministerio de Cultura del Gobierno de España y luego habernos dado mi Esposa y Yo ‘una vueltecita’ por algunas ciudades de esas latitudes, los meses transitaron tras habernos sido anunciado a los sinodales en noviembre de 2025, que sería en abril de 2026 cuando se entregaría el Premio Literario referido, el más importante de la literatura de habla hispana, equivalente al Premio Nobel de Literatura… En efecto, transitaron los meses y en febrero de 2026 recibí la amable comunicación de mis contactos personales con aquella oficialidad gubernamental, quienes me anunciaron y ratificaron que la entrega del Premio sería el 23 de abril en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares luego de un encuentro y convivencia el día anterior con los Reyes de España… ¡Qué información y qué sorpresa…! Debo referir que Alcalá de Henares es la cuna de Don Miguel de Cervantes Saavedra, autor de la obra cumbre de la Literatura Española ‘El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha’… De inmediato se iniciaron los preparativos correspondientes a la transportación y hospedaje que nuevamente me fueron enviados con cierta premura por parte de ellos, para que yo pudiera hacer los trámites correspondientes por mí sustentados para mi acompañante, mi Esposa Laura Toledo de Villalobos… Se cumplió de mi parte con todos los preparativos que también no fueron pocos para poder estar en condiciones de dignidad tanto en el Palacio Real como en la Universidad de Alcalá… Indagué, pregunté y recibí la orientación y amables recomendaciones de personas vinculadas con estos quehaceres como don Teodoro Rentería Arróyave, quien cinco años atrás fue también Sinodal integrante del Jurado del Premio Cervantes; una o dos personas más orientaron ‘mi falta de saberes’ mis amigos César Villegas Rivero y Teodoro Rentería Villa… “Bien capacitado” partí con mi bagaje y equipaje hacia Madrid con mi compañera de vida Laura Toledo… Llegamos oportunamente el día 21 de abril tras salir el día anterior de México, pero por cuestión del cambio de horario llegamos en la víspera de la convivencia del Palacio Real de España… Lamentablemente pese a mi invidencia parcial no logré convencer a los responsables de los protocolos del Palacio Real ni a los de la Universidad de Alcalá para que ser acompañado por mi esposa, a cambio de ello en cuanto llegué a ambos lugares anuncie mi circunstancia visual y fui amablemente atendido, protegido y conducido… El martes 22 llegué solo en un taxi al Palacio Real y no accedí por la puerta principal sino por la Puerta del Arco de Santiago a la cual me condujo con atingencia el taxista, a quien le permitieron llegar hasta la puerta donde de inmediato una guardia le ordenó que se retirara pero él le explicó mi circunstancia, la guardia Elizabeth con pulcritud y prontitud me apoyó y pidió al taxista que se retirara; tomado del brazo por ella fui introducido tras el gran portón del Palacio Real al primer arco de seguridad que con toda facilidad pasé pues sólo me pidieron que retirara mi teléfono en la caja correspondiente… Pasé tal requisito y me pidieron que me sentara en una de esas sillas altas que me resultó bastante incomoda, por lo cual pedí permiso para salir y pasar al jardín de enfrente, ya que llegué con más de 30 minutos de anticipación… La guardia Elizabeth me acompaño hasta el jardín y me dejó en una banca sombreada… Oí murmullos, barullos, gritos y juegos infantiles, como pude me movilice y con mi poca videncia pregunté a quien se me atravesó si no había por ahí cerca un lugar para tomar un refresco pues la sed me agobiaba; amablemente la persona que se dio cuenta de mi problema me dijo “si”, y me llevó a un pequeño pero pulcro restaurante del otro lado de la cancha donde jugaban los niños… Agradecí y me senté en la primera silla y mesa que quedó a mi alcance tras procurar no perder la ubicación de mi destino de retorno hacia la puerta del Palacio Real a donde puntualmente llegué y la atenta Elizabeth ya me esperaba y me preguntó: “¿A dónde se fue Maestro”…? Sólo le contesté: “A refrescarme con una buena bebida”; “pase maestro”, al mismo tiempo que hizo alguna seña a los guardias para que me permitieran el acceso… Una vez tras el arco de seguridad por donde todo mundo pasaba lo mismo conocidos, empleados, trabajadores, invitados y extraños eran auscultados con pulcritud, pues ahí viven el Rey Felipe VI y la Reina Letizia de España. Continuará. ¡Hasta mañana que será un día más!