Este lunes hablemos de lo que está sucediendo en Estados Unidos y que comienza a replicarse en México. La Decimonovena Enmienda, ratificada en 1920, prohíbe negar el derecho al voto por razón de sexo. Sin embargo, sectores ultraconservadores han vuelto a ponerla en la mira con la consigna “derogar la Decimonovena enmienda”.
No es una fantasía machista: después de la elección estadounidense crecieron en redes los mensajes que exigían quitarles el voto a las mujeres, y hasta el secretario de Defensa, compartió un video donde un pastor defendía esa barbaridad.
¿Y qué hacen los reaccionarios mexicanos cuando ven una mala idea extranjera? La importan. Javier Albarrán, militante del PAN en el Estado de México, propuso el llamado “voto por familia” o “voto por hogar”: un solo sufragio por casa, emitido por una persona que, según él, piense en el bienestar de todas y todos.
Qué casualidad que, cuando el patriarcado habla de “la familia”, siempre termina apareciendo un hombre autorizado para decidir y varias mujeres obligadas a obedecer.
No le llamemos sentido común. Es la vieja fantasía del jefe de familia, ahora disfrazada de innovación democrática. Significa borrar de un plumazo la voz de la esposa, de las hijas adultas y de cualquiera que no piense como el patriarca de la casa.
En México, el artículo 35 constitucional reconoce a cada ciudadana y ciudadano el derecho de votar y ser votado. El sufragio no pertenece a la familia, al matrimonio ni al marido: pertenece a cada persona. Las mujeres no somos extensiones políticas de nuestros padres, parejas o esposos. Somos ciudadanas completas.
Por eso esta propuesta no debe tratarse como un chiste. Los retrocesos nunca llegan diciendo: “venimos a quitarles derechos”. Llegan hablando de tradición, unidad familiar, valores y sentido común. Primero lanzan la ocurrencia; después la normalizan; finalmente intentan convertirla en ley.
Hoy pretenden que un hombre vote por toda la familia. Mañana podrían cuestionar nuevamente si las mujeres merecemos decidir sobre nuestros cuerpos, nuestros cargos o nuestro futuro. Ya sabemos que el patriarcado no descansa: cambia de traje, inventa argumentos y vuelve por lo que las mujeres conquistamos.
Esto fue Democracia sin Likes con Perla Pedroza.