El Movimiento de Regeneración Nacional, llega a las elecciones de 2027 con una ventaja electoral considerable, pero también con un problema que puede resultar más peligroso que la propia oposición:m, el desgaste de su marca política. Morena conserva alrededor de 41% de la intención de voto, mientras PAN y PRI se mantienen muy por debajo y Movimiento Ciudadano aparece como un competidor con crecimiento. Es decir, el oficialismo no parte de una situación de debilidad electoral; su verdadero riesgo consiste en que los escándalos, las divisiones internas y el deterioro de algunos gobiernos conviertan una elección que hoy parece controlada en una contienda mucho más competitiva.
El primer riesgo es la contradicción entre el discurso inicial y la conducta de algunos de sus integrantes. El partido construyó buena parte de su legitimidad denunciando corrupción, privilegios, nepotismo y abuso de poder de los gobiernos anteriores. Por eso, cada escándalo protagonizado por un morenista tiene un efecto político mayor que el que tendría en otro partido, no solamente afecta al funcionario involucrado, sino que cuestiona la promesa de transformación que llevó a Morena y su 4T al poder. Las polémicas por lujos, nepotismo, posibles conflictos de interés y comportamientos alejados de la austeridad Republicana tan llevada y traída en el discurso oficial del actual régimen, han generado precisamente esa percepción de que algunos cuadros del movimiento terminaron reproduciendo prácticas que antes criticaban.
Aunado a ello, la acumulación de casos que obligan a Morena a administrar las crisis en lugar de privilegiar la agenda política. Como el caso de Rubén Rocha Moya que es particularmente delicado por su dimensión internacional. El gobernador de Sinaloa, integrante de Morena, ha sido señalado por autoridades estadounidenses en relación con presuntos vínculos con el narcotráfico, él niega las acusaciones.
Su regreso al gobierno en agosto, y la posterior crítica pública de la Presidenta, quien calificó la decisión como imprudente e inapropiada, exhibió una situación incómoda para el partido. Y una posible ruptura en el círculo más alto del partido y el poder en el país.
El problema electoral no consiste únicamente en determinar si las acusaciones son ciertas o no, consiste en que la asociación entre Morena, gobiernos estatales cuestionados y crimen organizado puede convertirse en una narrativa extraordinariamente poderosa para la oposición. Desde luego si hubiera tal oposición.
A esto se suma el caso de Andrés Manuel López Beltrán, cuya exposición política está creciendo justamente cuando Morena intenta evitar que la elección de 2027 sea interpretada como una extensión del liderazgo de López Obrador. Los señalamientos relacionados con presuntos vínculos empresariales, corrupción y huachicol fiscal, entre otros, varios de ellos sin pruebas determinantes, han convertido su figura en un objetivo permanente de la oposición.
El riesgo para Morena es que estos episodios permitan construir una narrativa de “privilegios para los cercanos al poder”, especialmente dañina para un movimiento que llegó al gobierno denunciando a las élites políticas y que utilizó el hartazgo social como pretexto perfecto para la crítica y la denuncia pública.
Otro gran riesgo, es la pérdida de control sobre los procesos internos de selección de candidatos. Morena creció electoralmente con enorme velocidad y hoy tiene que administrar una cantidad mucho mayor de grupos, aspirantes, gobernadores, legisladores y estructuras locales. La selección de las candidaturas de 2027 ya está generando tensiones en diversos estados. Hay aspirantes enfrentados, acusaciones entre grupos y preocupación por las condiciones bajo las cuales se realizan las encuestas. Esto puede producir un fenómeno particularmente peligroso que , Morena gane la elección nacional pero pierda posiciones locales por fracturas internas, candidaturas rechazadas o voto de castigo de antiguos militantes.
Y ahí está el
Verdadero riesgo de ir poco a poco perdiendo espacios, como le acabó pasando al PRI hegemónico de antaño.
El crecimiento de Morena también puede convertirse en su debilidad. Cuando un partido pasa de ser una fuerza opositora a convertirse en la principal estructura política del país, comienzan a llegar políticos provenientes de prácticamente todos los sectores. Eso genera un problema de identidad. Y la pregunta puede ser ¿Morena sigue representando una transformación política o simplemente se convirtió en el nuevo partido dominante?
La propia dirigencia ha intentado responder a esa preocupación colocando el requisito de honestidad y antecedentes limpios como parte de la selección de candidatos. Pero mientras más candidatos y gobiernos tenga Morena, mayor será también la posibilidad de que un caso individual termine afectando la reputación nacional del partido.
La violencia política hoy, puede ser especialmente dañina porque no solamente afecta la percepción de seguridad ciudadana: también cuestiona la capacidad del Estado para garantizar elecciones libres. El asesinato del diputado morenista en Veracruz, investigado por las autoridades, ocurrió en un contexto en el que se registran al menos 30 incidentes de violencia política solamente durante julio de 2026. Si esta tendencia se mantiene, Morena podría enfrentar una paradoja, siendo el partido gobernante, tendrá que responder electoralmente por problemas de seguridad que no necesariamente puede resolver de manera inmediata.
Sin embargo, sería un error pensar que los escándalos automáticamente significan una derrota para Morena. El principal obstáculo de la oposición sigue siendo su propia.
Morena claramente sigue adelante.
Por eso, los escándalos solamente se convertirán en un problema electoral serio si la oposición logra transformarlos en una narrativa coherente, creíble y acompañada de candidatos competitivos, lo que francamente se ve complicado mi querido Teodoro, y solo con ejemplo está la foto reciente del desayuno del PRI y sus actores políticos rumbo al 2027.
El riesgo más importante para Morena rumbo a 2027 no es perder por un escándalo específico, sino sufrir una acumulación de escándalos y desgaste. Rocha Moya, las polémicas alrededor de López Beltrán, los cuestionamientos a otros integrantes, los problemas de algunos gobiernos estatales, las pugnas internas y la percepción de privilegios pueden terminar construyendo una misma idea en el la gente que, Morena dejó de ser el movimiento que combatía la corrupción para convertirse en una estructura de poder que comienza a reproducir algunos de los vicios que antes denunciaba.
La elección de 2027, puede convertirse en una especie de referéndum sobre la capacidad de Morena para mantener la congruencia entre discurso y gobierno. Si el partido logra separar rápidamente a sus candidatos de mayor riesgo, sancionar conductas cuestionables desde su gobierno, transparentar sus procesos internos y evitar que los conflictos locales lleguen a la decisión final en la urna, probablemente conservará su ventaja. Pero si responde a cada escándalo con silencio, defensa corporativa o minimización, el problema puede adquirir una dimensión mayor, la ciudadanía podría comenzar a no castigar solamente al político involucrado, sino a Morena completa.
Y ese sería el verdadero peligro para 2027, no una derrota nacional inmediata, sino que Morena llegue a la elección todavía como favorito, pero suficientemente desgastado para perder estados, congresos y gobiernos locales que hoy parecen asegurados.
Veamos qué es lo que sucede a propósito del inicio del año electoral en el país.
Ese es mi comentario y nos escuchamos en la próxima posibilidad.
Muchas gracias y feliz miércoles.