Un espejismo de riqueza digital, amparado en la fría lógica del crimen consumado, destruyó en cuestión de minutos la vida de un músico, su familia y su entorno más cercano. Lo que los agresores imaginaban como un botín de cantidades millonarias en bitcóins oculto en una «caja fría» terminó convertido en una masacre que hoy conmociona a la escena cultural y a la sociedad mexicana.
De acuerdo con información proporcionada por la autoridad ministerial, los indiciados, Diego Sebastián «N» y Gerardo «N», fueron ingresados al centro penitenciario de San Pedro Barrientos tras cumplimentarse las órdenes de aprehensión en su contra. La Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) formalizó las imputaciones por el homicidio calificado de cuatro personas, la interrupción del embarazo de una gestación de cuatro meses y crueldad animal contra un canino hembra de raza Golden Retriever, mascota de la familia.
La trampa de la confianza
El plan comenzó a ejecutarse el pasado 1º de septiembre. A las 17:23 horas, los agresores arribaron en un vehículo Kia con placas sobrepuestas al fraccionamiento Grand Viure, en la zona de Bosque de Amates. Diego Sebastián «N» utilizó la cercanía previa con la familia para lograr acceso: la esposa del músico autorizó vía telefónica su ingreso al departamento, donde únicamente se encontraba Aleyda Romero, la empleada del hogar.
A las 17:42 horas, Ana Paula regresó al inmueble acompañada de sus hijos. Extrañada por la presencia prolongada del visitante, alertó a su esposo por mensaje de texto. Jonathan Meléndez, tecladista de la agrupación Camilo Séptimo, se encontraba jugando pádel cuando recibió la notificación.
El arribo del músico se registró a las 19:28 horas en una camioneta Chevrolet Suburban. Un amigo que lo acompañaba rindió un testimonio clave ante el Ministerio Público, recordando las palabras con las que Jonathan le pidió esperarlo en el acceso: “Espérame aquí abajo, si no contesto pide ayuda”. La aprensión en el tono del artista llevó al testigo a buscar auxilio en la caseta de vigilancia al no obtener respuesta a sus mensajes.

La huida y el cinismo
Dentro del departamento, la violencia se desplegó con cálculo criminal. Diego Sebastián «N» empleó un arma de fuego provista con silenciador para perpetrar los asesinatos, con el objetivo de localizar la presunta clave o dispositivo con criptomonedas. Prometió entregar dos millones de pesos a Gerardo «N» como pago por su participación en el atraco.
A las 19:41 horas, Diego «N» descendió por el elevador hacia el estacionamiento. Amedrentó con insultos al personal de seguridad que intentó revisar el vehículo y amenazó al acompañante del músico antes de darse a la fuga.
Las indagatorias revelaron detalles del comportamiento posterior del imputado: esa misma noche acudió a un restaurante sobre la avenida Mixcoac en la Ciudad de México y, al encontrarlo cerrado, se dirigió a la colonia Del Valle. Por su parte, el arma utilizada fue desensamblada y arrojada a una barranca, según las propias declaraciones del detenido, mientras que el automóvil fue localizado y asegurado en el fraccionamiento Héroes Tecámac.
Duelo colectivo y proceso penal
El dolor por las pérdidas se dividió en distintas latitudes del Valle de México. En San Martín Cuautlalpan, municipio de Chalco, la comunidad despidió entre música, cohetones y pétalos de rosa a Aleyda Romero. En tanto, los restos de Jonathan Meléndez, su esposa Ana Paula y su pequeña hija Sofía recibieron sepultura en el cementerio Los Cipreses, en Naucalpan.
Los detenidos comparecen este sábado a las 12:30 horas en audiencia inicial para la formulación de imputación. De ser hallados culpables, la fiscalía buscará penas acumulativas que van de 25 a 70 años de prisión por cada homicidio, de 5 a 10 años por la interrupción del embarazo, y de 3 a 6 años por el delito de maltrato animal. Un desenlace judicial que inicia mientras la sociedad intenta asimilar la magnitud de una tragedia motivada por la pura codicia.