Se vive una época en la que ostentarse como alguien que no es, podría parecer una simple mentira o algo intrascendente. Y es que, el uso de las redes sociales permite que cualquier persona pueda utilizar un título, especialidad o cargo, basta con una fotografía, una tarjeta de presentación o un perfil profesional para erigir una imagen que muchas veces no converge con la realidad. Sin embargo, cuando esa mentira se traslada del mundo digital a la realidad, las consecuencias pueden ser más serias de lo que aparentan.
Lo anterior sirve para enfatizar que, no es lo mismo decir que se es abogado, médico, ingeniero o cualquier otra profesión, que comprobar realmente con el título y las autorizaciones que permiten ejercer estas y otras carreras.
Esta conducta se denomina: usurpación de profesiones, misma que se encuentra prevista y sancionada por la ley. Al respecto el artículo 224 del Código Penal vigente en el Estado de Morelos, dispone que a quien se le atribuya el carácter de profesionista, sin serlo y ofrezca públicamente sus servicios como tal o realice actividades propias de una profesión, para cuyo ejercicio se requiere permiso o licencia de una autoridad, y como pena se le impondrá de uno a tres años de prisión o de ciento veinte a ciento ochenta días de trabajo en favor de la comunidad.
Asimismo, la Ley sobre el Ejercicio de Profesiones del Estado de Morelos, establece que el ejercicio profesional comprende la realización habitual de actos o servicios propios de una profesión, incluso una simple consulta, así como la ostentación del carácter de profesionista por medios publicitarios o de cualquier otra manera. Aunado a ello dispone los requisitos para ejercer legalmente una profesión, entre ellos contar con título registrado y la patente de ejerciciocorrespondiente.
Con lo que antecede, no se busca proteger el prestigio de quienes pasaron años estudiando una carrera, sino que el objeto verdadero es cuidar a la sociedad, toda vez que la persona que solicita un servicio parte de una premisa esencial, que es la confianza de que quien se encuentra frente a él, posee los conocimientos que dice tener.
En ese sentido, es de tenerse en cuenta que, detrás de una profesión, no solo están años de preparación, sino también una gran responsabilidad, pues en muchos casos se está frente a la vida, la libertad, el patrimonio y los derechos de otras personas.
De ahí que, la exigencia de contar con los conocimientos y autorizaciones correspondientes no representa un mero formalismo, sino una garantía para la sociedad. Pues quien se ostenta como profesionista no solo engaña respecto a sus capacidades, sino que puede llevar a otra persona a tomar decisiones que pueden trascender en su vida, confiando en conocimientos que en realidad no posee.