TLCAN VS TMEC

Por Irradia Noticias

El TLCAN integró a México a un mercado, el atemporal TMEC ahora lo obliga a definir su lugar en una nueva estrategia continental.

México no está ante el fin del comercio, en particular con Estados Unidos. Está ante el fin de una manera de entenderlo. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1994 nos integró a un mercado global, ingresábamos a una nueva etapa en nuestra historia. El TLCAN fue muchas cosas, pero, sobre todo, fue una promesa: México dejaba atrás la economía cerrada definida por un gobierno de izquierda y entraba, por la puerta grande al mundo de la globalización.

Durante décadas, los tratados comerciales buscaron reducir la incertidumbre. Ofrecían reglas estables para que empresas, gobiernos e inversionistas que planearan a largo plazo, para atender a nueva comercialización. Treinta y dos años después, ese espacio geográfico responde a lógicas distintas. La apuesta era abrir la economía, atraer inversión, integrarse a las cadenas productivas de Estados Unidos y Canadá, y convertir el comercio en el principal motor de la modernización. Hoy el demeritado TMEC utiliza a los mercados como herramientas para hacer política, ubicándonos en una nueva estrategia continental. 

El 1 de julio de 2026 Estados Unidos anunció su decisión de no extender automáticamente el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá el TMEC, la que es una expresión más del estilo negociador de Donald Trump quien gobierna aplicando presión, incertidumbre y amenaza. Pero, derivado de su temperamento, al reducir el episodio es perder de vista una transformación mucho más profunda: Norteamérica dejó de ser solo un mercado integrado para convertirse en una región de seguridad estratégica.

México está obligado a preguntarse: ¿qué queremos producir? ¿Qué sectores deben ser estratégicos? ¿Cómo atraer inversión sin convertirnos en simple territorio de ensamblaje? ¿Cómo responder a la presión estadounidense construyendo capacidades propias y no únicamente discursos de hipócrita soberanía?

La peor respuesta es confundir dignidad con ocurrencia. La vecindad ayuda, pero no sustituye una política industrial ni reemplaza el Estado de derecho. El nearshoring abre oportunidades, pero no produce desarrollo por sí solo. Para aprovechar esta nueva etapa, México necesita energía confiable, infraestructura, seguridad, talento, reglas claras y una diplomacia económica capaz de respetar al mundo en que está emergiendo y … la triste realidad es que el gobierno de la Cuarta T está muy alejado de ese entendimiento.

Al menos se avizoran dos años para que se pueda aspirar a una negociación que nos ubique mejor en la relación bilateral al ya no estar el neoyorkino gobernando a los Estados Unidos, pero eso si, dando cumplimiento a condiciones obligadas del propio T-MEC, sin caer en las populistas mentiras que hoy nos marginan.

Los aranceles impuestos por el gobierno de Donald Trump impactaron fuertemente al mercado del tomate rojo bola mexicano en Estados Unidos. Esta medida elevó los costos, redujo las ganancias de los agricultores y frenó las exportaciones hacia el país vecino.

Un cliente al que le elaboré un estudio de mercado y planeación de un Proyecto de una planta productora de Tomate Rojo Bola en cubierta o sea en hidroponía en Celaya, Guanajuato, está en una nueva planeación para sostener su inversión en nuestro país, unos 200 millones de dólares y como él hay cientos que confían en su propia estrategia rechazando el apoyo demagógico de la Cuarta T al imponer los descabellados precios de garantía que nos perfilaban como adulteradores del valor comercial del producto.

Estados Unidos terminó un acuerdo comercial de décadas y aplicó un arancel del 17.09% al tomate mexicano. Productores en estados clave, como Sinaloa, Sonora, Guanajuato y Jalisco, redujeron sus áreas de cultivo para evitar pérdidas. El campo mexicano ha resentido sensiblemente la medida. El sustento de miles de jornaleros está en alto riesgo.

Las exportaciones mexicanas cayeron. Estados Unidos es el principal comprador de tomate mexicano. La medida benefició principalmente a los productores agrícolas de Florida, quienes presionaron a Trump para aplicar el arancel, argumentaron que México vendía el producto a un precio artificialmente bajo, lo que se conoce como dumping, vender por debajo del costo de producción para eliminar a la competencia, lo que es una verdadera mentira, el tomatero mexicano ha evolucionado tecnológicamente rebasando a los niveles norteamericanos y su calidad es superior a la de los peninsulares.

Los productores de Florida no pueden atender solos toda la demanda de tomate rojo bola aunque es el estado productor más grande de los Estados Unidos, su volumen no basta para cubrir el consumo estadounidense durante todo el año.

Será el consumidor norteamericano el que sufra las consecuencias económicas a la larga, no obstante, los Hot Dogs, las hamburguesas y las papas fritas de los parques de beisbol seguirán siendo aderezados por la salsa cátsup elaborada con tomates mexicanos.

La presidenta de México enfatizó que Estados Unidos no cuenta con alternativas para reemplazar el jitomate mexicano, por lo que está muy confiada en que se logre un acuerdo con el gobierno de Donald Trump, para el estadounidense no es la única opción que tiene para presionar a nuestro país a que ceda en sus pretensiones de detener al grupo de Sinaloa. En días anteriores apreciamos lo que está sucediendo en la industria automotriz, la migración de empresas en protección de sus inversiones. Por cierto la empresa Honda esta semana anunció que dejará de vender y producir en Guanajuato el Honda Prologue (su vehículo totalmente eléctrico) para el mercado de Estados Unidos por su bajo nivel de venta a causa de precios elevados por el arancel de Trump.

Amigos, la semana tiene siete días y ¡gracias a Dios es viernes!

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