La partida de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano a los 92 años de edad cierra uno de los capítulos más trascendentales y definitorios de la historia política contemporánea de México. Su trayectoria no solo encarna la evolución de la izquierda nacional y la construcción de instituciones democráticas, sino que representa un ejercicio permanente de congruencia frente al poder hegemónico.
Heredero de una de las estirpes más respetadas del país —hijo del general Lázaro Cárdenas del Río, artífice de la Expropiación Petrolera—, Cuauhtémoc Cárdenas supo trascender la sombra tutelar de su apellido para forjar un liderazgo propio basado en la convicción social, la defensa de la soberanía y una perseverancia democrática.
Durante décadas, Cárdenas militó en las filas del Partido Revolucionario Institucional, sirviendo incluso como gobernador de Michoacán (1980-1986). Ante el viraje económico hacia el modelo neoliberal adoptado por la cúpula priista, optó por la congruencia ideológica antes que conformarse con la comodidad del poder. Junto a figuras de la talla de Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, encabezó la histórica Corriente Democrática.
Esa decisión obligó su salida del partido oficial y propició su postulación presidencial en 1988 bajo las siglas del Frente Democrático Nacional (FDN). Aquella jornada electoral, marcada por el colapso del sistema de cómputo (la “caída del sistema”) y el presunto fraude que frenó su triunfo frente a Carlos Salinas de Gortari, constituyó el gran catalizador que aceleró las exigencias ciudadanas de transparencia y reforma electoral en el país.
Cárdenas consolidó su visión organizativa con la fundación en 1989 el Partido de la Revolución Democrática (PRD), el primer instituto político de izquierda con fuerza nacional real capaz de disputar espacios de poder de forma masiva. Su tenacidad política lo llevó a la jefatura de gobierno del entonces Distrito Federal en 1997, convirtiéndose en el primer mandatario capitalino electo por voto popular, y a competir en tres ocasiones por la Presidencia de la República (1988, 1994 y 2000). Cabe mencionar que desde la fecha de aquella elección capitalina, la izquierda mexicana ha gobernado la Ciudad de México.
Para dimensionar la magnitud de su estatura política en los momentos cruciales de la transición democrática, acudimos a los registros de la época. En agosto de 1998, los periodistas Teodoro Rentería Arróyave, Teodoro Raúl Rentería Villa, Gustavo Rentería Villa y el comunicador José Laris Rodríguez, editaron la obra “Los hombres del 2000 rumbo a la presidencia”; en ella realizaron una profunda y reveladora entrevista a Cuauhtémoc Cárdenas.
Aquel encuentro periodístico capturó la esencia del personaje: un líder obstinado y tenaz frente a la adversidad, que gobernaba la capital bajo el escrutinio de ser «una vitrina hacia todo el país», y que se preparaba con firmeza para buscar por tercera ocasión consecutiva la Presidencia de la República.
La entrevista documenta cómo con agudeza Cárdenas supo evolucionar estratégicamente, alejando a su partido de tácticas violentas y apostando por la vía estrictamente institucional, consolidándose a la vez como el líder moral indiscutible de la izquierda, con una sólida trayectoria como legislador, servidor público y planificador.
La vida pública de Cuauhtémoc Cárdenas, prolongada posteriormente a través de su postura crítica e independiente, así como por la continuidad generacional de su legado en figuras como su hijo Lázaro Cárdenas Batel, deja una huella imborrable en el México actual.
Despedir a Cárdenas Solórzano es reconocer a un hombre de Estado que, fiel a sus principios, dedicó su vida a ensanchar los cauces de la libertad y a demostrar que la congruencia política sigue siendo el activo más valioso en la construcción de la república.