CONSEJEROS DEL INE CERCANOS A MORENA

Por Irradia Noticias

Este lunes 26 de abril hablemos de la gran lección que nos está dejando la elección de tres nuevos consejeros del Instituto Nacional Electoral, no solo generó polémica: sino que encendió una señal de alerta que no deberíamos ignorar. Más allá de los nombres: Arturo Chávez, Frida Gómez y Blanca Cruz, lo verdaderamente preocupante es el contexto en el que fueron designados: sin consenso, con el rechazo total de la oposición y bajo señalamientos claros de cercanía con Morena.

Durante años, la construcción del INE descansó en una premisa básica: ser un árbitro confiable, equilibrado y respaldado por distintas fuerzas políticas. Esa lógica se rompió. Hoy, la mayoría oficialista no solo domina el Congreso, sino que ha demostrado que puede imponer decisiones clave sin necesidad de negociar. Y eso incluye la integración del propio árbitro electoral.

La oposición, fragmentada y debilitada, fue incapaz de blindar el proceso. No logró impedir que los perfiles seleccionados llegaran con cuestionamientos sobre su independencia. Y eso tiene consecuencias profundas: el mensaje que se envía es que el poder ya no necesita acuerdos, solo números.

Esto debe entenderse con claridad: no estamos ante un evento aislado, sino ante un patrón. La concentración de poder en un solo partido, ejecutivo, legislativo y ahora con influencia creciente en órganos autónomos, es un síntoma claro de debilitamiento institucional. Porque la democracia no es solo votar; es tener instituciones que limiten, equilibren y cuestionen al poder.

Cuando un solo partido tiene la capacidad de decidir prácticamente todo, la pluralidad se erosiona. Y sin pluralidad, lo que queda es una democracia cada vez más frágil. En la práctica, esto acerca al país a un modelo de partido dominante, donde la competencia política pierde fuerza y credibilidad.

Por eso, lo ocurrido en el INE debería servir como una llamada de atención para todas y todos los mexicanos. No se trata de defender a un partido u otro, ni de caer en narrativas de revancha o venganza contra el pasado, como muchas veces se plantea frente al PRI y el PAN. Se trata de algo más básico: preservar un sistema donde el poder no se concentre sin límites.

De cara a 2027, el riesgo es claro. El voto en cascada, impulsado por emociones o lealtades automáticas, puede terminar consolidando aún más esta concentración. La alternativa no es simple, pero sí necesaria: reflexionar el voto, entender el equilibrio de poderes y apostar por una democracia plural.

Porque aún estamos a tiempo. 2027 puede ser un punto de inflexión: o se refuerza la concentración de poder, o se recupera el balance democrático. La decisión, esta vez, no será solo de los políticos, sino de los ciudadanos.

Esto fue “Democracia sin likes” con Perla Pedroza

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