Hoy quiero hablar de un tema que a muchos adultos les incomoda, pero que nuestros adolescentes están viviendo: el consumo de pornografía durante la adolescencia.
Y quiero empezar aclarando algo: hablar de pornografía no significa promoverla. Significa educar para que nuestros jóvenes puedan entender lo que están viendo y no confundirlo con lo que realmente es una relación sexual.
Porque hoy un adolescente puede encontrarse con contenido sexual en segundos. A veces lo busca, pero muchas otras veces aparece en redes, en un grupo de amigos o a través de un enlace.
¿Y cuál es el problema?
Que un adolescente todavía está construyendo su idea del amor, del cuerpo, del deseo, de los límites y de las relaciones. Y la pornografía no es una clase de educación sexual.
La pornografía es una representación creada para provocar excitación. Hay actores, edición, guiones y situaciones que no necesariamente representan una relación sana, real o respetuosa.
Entonces puede ocurrir algo muy peligroso: que un adolescente piense:
“Así debe ser el sexo.”
“Así debería verse mi cuerpo.”
“Esto es lo que mi pareja debería aceptar.”
Y no.
El sexo real implica comunicación, consentimiento, respeto, intimidad, responsabilidad y emociones.
También tenemos que hablar de algo fundamental: el consentimiento.
Que alguien esté viendo pornografía no significa que tenga derecho a pedirle a otra persona fotografías íntimas, presionarla para hacer algo sexual o compartir imágenes privadas.
Y aquí hago un llamado especial a madres y padres:
Si descubres que tu hijo o hija está viendo pornografía, no empieces con un grito, un insulto o una amenaza.
Empieza con una conversación.
Puedes decir:
“Sé que probablemente tienes curiosidad. No voy a juzgarte. Pero quiero hablar contigo porque hay cosas que necesitas saber para protegerte.”
Eso abre una puerta.
Porque si nosotros no hablamos con ellos, internet va a hablar por nosotros.
Y finalmente, recordemos algo: educar sexualmente a un adolescente no significa enseñarle a tener relaciones sexuales.
Significa enseñarle a conocer su cuerpo, respetarse, respetar al otro, reconocer límites, entender el consentimiento y tomar decisiones responsables.
La curiosidad sexual es parte del desarrollo.
La responsabilidad de los adultos es acompañarla con información, límites y confianza.
Dra. Edith Aparicio Maldonado, médico sexóloga y terapeuta de pareja, recuerda que cuidar tu salud emocional también es cuidar tu salud integral.