El Plan Cuautla representa una respuesta extraordinaria de los tres órdenes de gobierno frente a una situación de inseguridad que durante los últimos años venía minando de manera importante la tranquilidad de la población y la confianza en las instituciones de gobierno y sobre todo dejando dudas del actuar de su presidente municipal hoy preso y juzgado por sus vínculos con la delincuencia organizada.
La principal característica ha sido el fortalecimiento de la presencia federal, estatal y municipal, particularmente mediante operativos coordinados, recorridos preventivos, acciones de inteligencia y una estrategia específica contra la extorsión y el cobro de piso fundamentalmente.
Desde una perspectiva ciudadana hasta el momento, el primer resultado positivo es la sensación de presencia de la autoridad. El despliegue de cientos de elementos y decenas de unidades en las zonas identificadas como prioritarias genero un efecto positivo en la población, al observar policías, fuerzas federales y autoridades recorriendo las colonias y establecimientos. Este factor es relevante porque, en tiempos de inseguridad prolongada, de miedo generalizado, la ausencia visible y cotidiana de las instituciones se interpreta como abandono o incapacidad del gobierno para dar certeza y tranquilidad a la población.
El Plan no se ha limitado exclusivamente a incrementar patrullajes. La estrategia ha incorporado reuniones con comerciantes, transportistas, productores, y organizaciones sociales fundamentalmente, además de la creación de una Red de Protección contra la Extorsión que supera los mil establecimientos y puntos de venta. Esto debería constituir un avance importante porque traslada la estrategia de seguridad, del ámbito estrictamente operativo hacia la efectiva prevención del delito.
Durante las primeras semanas de operación se reportó una disminución del promedio diario de homicidios, así como reducciones en delitos como robo a transportistas y robo a casa habitación.
De acuerdo con información difundida, el promedio diario de homicidios habría pasado de 3.7 a 1.9 casos, mientras que el robo a transportistas disminuyó alrededor de 30% y el robo a casa habitación cerca de 23%. Cifras que desde luego son alentadoras, pero habrá que esperar que el plan de frutos en el futuro y no sólo en la inmediatez de su aplicación respecto de la percepción ciudadano.
Pero esto, todavía no permite afirmar que el problema de seguridad esté resuelto. Para que exista un cambio estructural será necesario comprobar que la tendencia se mantiene durante varios meses incluso en lo cotidiano la sociedad debe percibir paz y tranquilidad y que la disminución alcanza no solamente a los homicidios, sino también a delitos que afectan directamente la vida cotidiana, de la gente y sus familias.
Por que existe además mi querido Teodoro, auditorio, una gran diferencia entre sentirse más protegido y estar de verdad más seguro. El despliegue de fuerzas de seguridad puede producir rápidamente una sensación de mayor tranquilidad, pero la confianza se consolida cuando la población comprueba que puede denunciar sin represalias, que las investigaciones avanzan, que los responsables son detenidos y que las víctimas reciben protección.
Otro aspecto favorable es la coordinación institucional. El Plan ha reunido a instituciones federales, estatales y municipales que anteriormente operaban de manera fragmentada.
La participación conjunta de Defensa, Marina, Guardia Nacional, SSPC, autoridades estatales, policía municipal y Fiscalía incrementa la capacidad de respuesta y permite compartir información y recursos. Hoy La ciudadanía percibe esta coordinación como una señal de que el problema dejó de ser considerado exclusivamente municipal y pasó a recibir una atención de carácter regional y federal.
Aunque aún, existen riesgos y pendientes importantes, como evitar que el Plan sea percibido únicamente como un operativo temporal. La población necesita saber qué ocurrirá cuando disminuya el número de elementos desplegados. Una estrategia de seguridad sostenible, debe generar capacidades locales permanentes, fortalecer las policías municipales y estatales, mejorar la investigación criminal y consolidar mecanismos de prevención que sean tangibles para la sociedad en el futuro cercano.
Cuando un comerciante recibe amenazas o debe pagar dinero para poder trabajar, la presencia de patrullas no necesariamente elimina el temor. Por ello, el éxito del Plan deberá medirse también en el tiempo, por la reducción del tema de extorsión y en la disminución legítima de las denuncias pero sobre todo, por la capacidad institucional para desarticular las estructuras que realizan cobro de piso.
No habrá calificativos de éxito si la gente no se siente más segura y con la posibilidad real de invertir y salir adelante sin el miedo insistió generalizado.
Por ello, el éxito del Plan no debe medirse exclusivamente mediante estadísticas delictivas. También debe ser evaluado, mediante indicadores de confianza, y la percepción de seguridad en las colonias, en los barrios, en los comercios, al ver a familias salir a la calle a caminar, a comprar un helado, a disfrutar la vida nocturna en lugares seguros a que la actividad comercial y la recuperación de espacios públicos, sea evidente y le regrese la tranquilidad a la gente.
En términos generales, la percepción ciudadana sobre el Plan Cuautla puede calificarse actualmente como favorable, pero todavía cautelosa. Hay señales concretas que explican una mejor valoración
Autoridades municipales y estatales han reportado una respuesta positiva de la población ante la presencia permanente de las corporaciones.
Sin embargo, creo que la ciudadanía no evaluará el Plan por el número de elementos desplegados ni por los comunicados oficiales. Lo evaluará por algo mucho más sencillo, si puede abrir su negocio sin recibir amenazas, caminar por su colonia sin miedo, utilizar el transporte público con tranquilidad, regresar a casa por la noche y confiar en que, ante una emergencia, la autoridad responderá y dará resultados favorables a la crisis que provocaron en el gobierno reciente hoy encarcelado y juzgado.
Por ello, el balance objetivo hasta este momento debe ser de avance significativo, pero no de victoria definitiva. El Plan Cuautla ha conseguido modificar favorablemente el escenario inmediato y comenzar a recuperar la presencia y credibilidad institucional. El verdadero éxito dependerá de que esta mejoría se mantenga, que las organizaciones criminales sean efectivamente desarticuladas, que la extorsión disminuya de manera sostenida y que las instituciones locales adquieran la capacidad necesaria para garantizar la seguridad sin depender permanentemente de operativos extraordinarios.
El reto ahora consiste en transformar esa percepción positiva inicial en confianza permanente. Para ello, los resultados deberán sostenerse en el tiempo y acompañarse de investigación, procuración de justicia, prevención social, atención a víctimas y recuperación de los espacios públicos. Solo entonces podrá afirmarse que el Plan no fue únicamente una reacción frente a la crisis, sino el inicio de una recuperación duradera de la seguridad y de la confianza ciudadana en Cuautla.
Y para terminar, habrá que hacer una diferenciación real, fundamentalmente entre la autoridad municipal que provocó esta inestabilidad social y miedo generalizado y la hoy representación municipal, que partir del trabajo cotidiano y atención permanente a la ciudadanía, empieza a transformar la realidad de Cuautla, de sus habitantes y de sus familias.
Y esperemos que en la realidad, cuando el plan Cuautla deje de ser un programa fundamentalmente de la Federación y sus instituciones de seguridad y deje de estar en el foco NACIONAL sus resultados hayan sido determinantes para recuperar la dignidad social, la paz y la tranquilidad en el municipio, históricamente heroico para Morelos
Ese es mi comentario, mi querido Teodoro, y nos escuchamos en la próxima buenos días