En el momento más crítico de lo que va de su gobierno, la Presidenta Claudia Sheinbaum decidió aprovechar el segundo aniversario de la elección que la llevó al poder, para celebrar los logros de su administración, y utilizó para ello el mitin placero, el recurso favorito de su movimiento, aunque en cada encuentro de este tipo la asistencia y el entusiasmo popular decrecen.
No es que haya mucho que presumir, por más cuentas alegres que se intenten. Por el contrario, en distintos planos lo que se advierte en el panorama nacional y en el futuro cercano son nubarrones y barruntos de tormenta, pero precisamente ello obliga a convocar e intentar levantar los ánimos de sus huestes.
Las amenazas y presiones del gobierno de Donald Trump se han incrementado a raíz de la solicitud de detención y extradición del gobernador sinaloense, ahora con licencia, y otros nueve acusados de ser complices de los cárteles criminales.
En su discurso de ayer, de plano la Presidenta cuestionó el interés norteamericano y lo identificó como un acto de intervención, como injerencia extranjera. Todo ello, luego de que tres de los indiciados se han entregado y ya están en cárceles estadounidenses, y frente a los mensajes desde Washington de que irán por más figuras políticas involucradas con el narcotráfico.
Por si el tema de seguridad y la relación con Estados UNidos no fuese suficientemente complicada, el país continúa sin poder retomar el impulso económico, perdido hace ya ocho años; es más, en lo que va del ciclo actual el muy mediocre crecimiento de plano se ha detenido, y hay sectores productivos en franco retroceso.
No se trata de una interpretación sesgada. En las pasadas semanas las más importantes calificadoras han rebajado y han colocado al país en el último escalón del grado de inversión, y han cambiado la perspectiva nacional de estable a negativa, incluida la calificación de los principales bancos establecidos en México. La deuda pública no ha dejado de crecer, y los programas sociales se sostienen financiados con préstamos, mientras la inflación está por arriba de la meta objetivo.
Pero la versión oficial es la de un escenario color de rosa, y la estrategia es la recurrente: asambleas populares, el amor al pueblo, el autoelogio y el combate a los adversarios.
Pasada la euforia del aniversario, la cruda realidad espera a la vuelta de la esquina.
Y el futuro no pinta nada bien.