La agenda internacional, durante ya todo un año, ha sido puesta por Donald Trump, aún antes de asumir su segundo mandato, mismo que cumplirá sus primeros doce meses en ocho días. Uno de los focos, donde no ha quitado el dedo del renglón es México. Pasó de las amenazas, los embates discursivos, a las acciones unilaterales, no importando los costos que estas han traído.
Con todo y la oposición, principalmente del partido demócrata, de organismos internacionales y de los migrantes que sostienen buena parte de la economía norteamericana, respecto a México ha insistido en sus intenciones de ir más allá de las sanciones económicas, como la imposición de aranceles, a tomar medidas dentro del territorio mexicano para el combate a los cárteles del crimen organizado.
A un año, muchas voces de analistas y funcionarios mexicanos que consideraban a sus palabras como exabruptos, hoy ven posibilidades reales. El propio Marcelo Ebrardllegó a decir que imponer aranceles a México sería tanto como “tirarse un balazo en elpie” y, por tanto, creía remoto que lo cumpliera. Lo cumplió. Algo similar se decía sobre el cerco militar contra Nicolás Maduro, conflicto en proceso, pero por el que hoy por hoy el dictador venezolano fue detenido y enfrentará un juicio en las cortes estadounidenses.También lo llevó a cabo.
Entre análisis, filtraciones y especulaciones hay y habrá suficientes para distraer la atención. Las circunstancias, componendas y traiciones, en todo ello, las iremos sabiendo con el paso del tiempo. Lo cierto es que ya vimos a un Trump que pasa del decir al hacer. Que busca las formas legales para dar la vuelta a su propio Congreso y no deja de protagonizar políticamente para obtener resultados favorables en las elecciones que este año tendrán lugar para renovar una significativa parte de sus congresistas.
Trump se está jugando el todo por el todo. Y no por el bienestar del mundo, sino por su supervivencia política y lo que él considera son los intereses de su nación. Es cierto que la condición de México es diferente a la del resto de países en el mundo, tanto como es cierto que también significa para Trump una pieza más en el tablero de la geopolítica. Importante, sí, pero una pieza más que, según él, debe jugar a su favor, de nadie más y menos de sus enemigos.
De todo esto, la inteligencia con que debe proceder el gobierno encabezado por Claudia Sheinbaum. Aunque para los mexicanos las acciones en materia de combate al tráfico de drogas superan con mucho a lo que vimos en el sexenio pasado, a los ojos de Trump no han bastado, no han sido suficientes y sigue teniendo el control el crimen organizado.
Seguramente, la presidenta tiene toda la decisión y la fortaleza para tomar las medidas necesarias y apaciguar las ansias intervencionistas de Trump. Y contará para ello con el respaldo de los mexicanos. Los que no van a estar contentos con ello son los cómplices y protectores de los criminales, porque saben que en ello van de por medio, desde sus negocios ilícitos hasta su libertad o su vida.
Sheinbaum tiene ante sí el reto de mayor envergadura que haya enfrentado el Estado Mexicano en las últimas décadas.
Y PARA INICIADOS:
Ya se sintieron los primeros efectos de la cuesta de enero. ¡Ah!, pero no se vaya con la finta. Váyase preparando todavía más. Nos cuentan que los recursos que se espera van a fluir, comenzarán a llegar en marzo. Mientras tanto habrá que apretarse el cinturón. Claro, la principal preocupación es que no falte para los programas sociales… ni para el sueldoy los viajes de Noroña.
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