La sucesión presidencial es un proceso permanente, dirá Don Daniel Cosío Villegas y al abordarlo, es el sentido de oportunidad al que se ha arrojado el senador, Manuel Velasco al poner en el escenario político, lo visible para muchos actores: la popularidad del secretario de Seguridad de la administración Sheinbaum, Omar García Harfuch, sin que conozcamos el objetivo del legislador del partido Verde de su acto espectacular.
También se trata de reconocer la realidad: asumir la fuerza electoral de Omar García Harfuch en el escenario político. Es verdad que hacia 2030, MORENA no será suficiente, dado el personalismo de AMLO y su arbitraje en la sucesión presidencial, dado que quizá no decida el caudillo y sin embargo, su veto hacia García Harfuch será fundamental para impedir que un actor político con formación de policía sea su abanderado, el de su patrimonio político. Un ensayo ya lo mostró en el pasado reciente con su veto al secretario de Seguridad hacia la jefatura de Gobierno de Ciudad de México en 2024.
Otro problema para Harfuch es su identidad ideológica neutra, lo mismo que su ADN que rememora los antecedentes de su padre y abuelo en coyunturas críticas del sistema político mexicano contemporáneo. Ahora bien, si recibe el veto del caudillo y tiene algún premio de consolación, falta ver si lo aceptará u optará por encabezar por una candidatura opositora emergente en el escenario político.
Ha comenzado la disputa política para 2030, si bien falta desarrollar el proceso electoral de 2027 que arrojará muchas luces y sombras lo mismo para MORENA que para las oposiciones.
Del Tintero.
Para que Harfuch sea candidato requiere tener como aliada a la presidenta, Sheinbaum, lo mismo que neutralizar a los duros con sus expedientes negros. Está abierto un escenario político muy complejo lo mismo para el partido dominante que para las oposiciones y la sociedad mexicana.