Este lunes 20 de abril hablemos como se encendió el debate sobre el presupuesto electoral, pero esta vez con un elemento que no admite ligereza: la viabilidad misma del proceso electoral 2026-2027. El IMPEPAC ha solicitado una ampliación presupuestal bajo argumentos técnicos y operativos que, lejos de ser caprichosos, responden a obligaciones legales concretas. La pregunta no es si el instituto quiere mås dinero, sino si el Estado estå dispuesto a financiar adecuadamente la democracia que dice defender.
El pasado 17 de abril de 2026, la consejera presidenta Mireya Gally JordĂĄ expuso con claridad el problema. SeñalĂł que existen dos rubros crĂticos que requieren atenciĂłn inmediata: el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), cuyo costo ronda los 28 millones de pesos, y la impresiĂłn de boletas electorales, que tambiĂ©n demanda una planeaciĂłn anticipada y recursos garantizados. No se trata de gastos accesorios, sino de pilares tĂ©cnicos sin los cuales no puede haber certeza en una elecciĂłn.
A pesar de ello, el Congreso del Estado de Morelos aprobĂł para 2026 un presupuesto prĂĄcticamente idĂ©ntico al de 2025, ignorando una diferencia fundamental: el año pasado no fue electoral. Este año sĂ lo es. Y no solo eso, sino que implica la apertura de consejos distritales y municipales, la contrataciĂłn de personal eventual, la organizaciĂłn logĂstica de los comicios y la implementaciĂłn de sistemas tecnolĂłgicos especializados. Equiparar ambos escenarios presupuestales no es austeridad: es una lectura profundamente equivocada de la realidad.
La situaciĂłn se agrava con un factor inĂ©dito: la elecciĂłn judicial. Por primera vez, el estado deberĂĄ organizar comicios para elegir jueces y magistrados, una responsabilidad adicional que incrementa la carga operativa y financiera del IMPEPAC. Sin embargo, este nuevo mandato no vino acompañado de recursos suficientes, lo que coloca al Ăłrgano electoral en una posiciĂłn tan absurda como riesgosa: hacer mĂĄs con lo mismo, pero bajo mayor escrutinio pĂșblico.
AquĂ es donde la crĂtica deja de ser tĂ©cnica y se vuelve inevitablemente polĂtica. Porque la falta de presupuesto no es un detalle administrativo, es una amenaza directa a la certeza jurĂdica del proceso electoral. Sin recursos oportunos, se retrasan contratos, se compromete la instalaciĂłn de Ăłrganos desconcentrados y se pone en entredicho la calidad de los resultados. Y cuando eso ocurre, lo que se erosiona no es solo la operaciĂłn del instituto, sino la confianza ciudadana.
La solicitud de ampliaciĂłn presupuestal no deberĂa leerse como una exigencia desmedida, sino como una advertencia responsable. Ignorarla serĂa insistir en una ruta que ya ha demostrado ser peligrosa: la de subestimar el costo real de organizar elecciones. En Morelos, esa factura podrĂa pagarse muy caro.
INCREMENTO PRESUPUESTAL PARA PROCESO ELECTORAL EN MORELOS
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