¡“No hagas daño a un periodista, porque lo pagarás toda la vida”!
Recuerdo aquí el Homenaje Post-Mortem que el Consejo Cívico Ciudadano, Grupo Morelos Cuauhnáhuac y Grupo Identidad Morelos, ofrecieron por el Arquitecto FRANCISCO ERNESTO ÁLVAREZ URIBE, en presencia de sus familiares… Trascribo aquí la Semblanza que por su Señor Padre hizo su Hija Carmen Tonya Álvarez Ibarra quien describió: “Gracias por hacernos parte de este encuentro… Me pidieron que escribiera una semblanza de mi Papá y lo intenté; pensé mucho cómo hacerlo, pero entendí que escribirlo de forma adecuada sería de alguna manera, violentar su esencia y la mía, que nunca aprendió a separarse de él… Voy a recordar un poco quien era él o las distintas formas en las que el mundo lo nombraba: Francisco Ernesto Álvarez Uribe para algunos; el Arq. Álvarez para otros, pero para mí simplemente era, Papá… Gustaba de la gente, el arte, la conversación, la vida llena de música, risas y copas que se alargaban sin prisa… Su vocación comenzó desde la disciplina y el rigor de la Escuela Militarizada Cristóbal Colón, donde no sólo recibió la educación básica, sino también el acompañamiento decisivo de su Maestro y Amigo, el Profesor Pablo Rubén Villalobos, quien sembró en él una manera de mirar el mundo con estructura, pero también con conciencia… En la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos comenzó a darle forma a una de sus grandes pasiones, ahí no sólo se formó como Arquitecto, sino que más adelante regresaría como Catedrático… Su talento y sensibilidad lo llevaron al Servicio Público durante el Gobierno de Lauro Ortega donde fue responsable del Programa Nueva Imagen… Proyecto que nunca abandonó, incluso en sus últimos días cuando su mente comenzaba a perderse en otros tiempos, volvía ahí, como si una parte de él hubiera decidido quedarse custodiando ese momento para siempre… Fue Presidente del Colegio de Arquitectos y de la Academia Nacional de Arquitectura… También colaboró con el entonces Alcalde de Cuernavaca, Juan Salgado Brito… Dedicó parte de su vida a la conservación de conventos de los siglos XVIII al XX… Participó en la construcción del Palacio de Justicia y la restauración de algunos conjuntos de la Ruta de los Conventos de Morelos… También contribuyó al desarrollo de lugares de la vida, lucha y muerte de Emiliano Zapata, dando lugar a la ahora conocida Ruta Zapata, así como la remodelación de La Tallera de Siqueiros junto con la arquitecta Frida Escobedo… Más allá de los cargos y las obras, lo que él era para mí no cabe en títulos ni fechas, su verdadera arquitectura fue invisible; la forma en que entendía el mundo y la huella indeleble que dejó en quienes tuvimos la fortuna de caminar a su lado… Quien lo conocía habría notado que tenía un pequeño gesto: Al morder su cachete cuando pensaba, nos hacía ver que sus ideas aún no estaban listas para el mundo y necesitaban quedarse un instante más habitándolo por dentro… Su alegría era real, tenía una sonrisa traviesa, casi conspiradora, como si supiera algo que el resto todavía no descubría… Una Navidad me regaló un carrusel de música; sus regalos nunca eran los esperados, pero sí inolvidables, recuerdo la sensación y certeza de haber recibido algo más grande que el objeto, como si dentro de esa pequeña caja hubiera depositado una forma de permanencia y hubiera sabido, de alguna manera, que un día yo necesitaría una prueba física de su ternura… Mi Papá falleció el 16 de diciembre y desde entonces lo sigo buscando, no en los lugares evidentes, sino en los gestos, en mis silencios, en la forma en que observo las cosas, en mi manera de sentir profundamente, incluso cuando no lo digo; lo busco en mi propia profundidad que a veces se siente prestada, pues creo haber heredado todo de él, pero también creo que esa es la única forma en la que algunas personas se quedan, no como recuerdo sino como estructura que ahora sostiene mi forma de estar en el mundo… Quiero pedir el apoyo de cada uno de ustedes que lo conocieron, porque incluso en sus últimos días, cuando mi rostro y mi nombre ya no habitaban sus recuerdos más recientes, estoy segura de que los de ustedes sí; sus nombres aparecían en su voz como ecos vivos, proyectos, reuniones, promesas aún en movimiento, como si una parte de él siguiera de camino, con la urgencia intacta, queriendo llegar a donde ustedes estaban… Entonces entendí algo; que uno no se va del todo cuando aún tiene citas pendientes en la memoria de los otros… Así que hoy les pido eso, que lo sigan encontrando en lo que construyen, lo que imaginan, lo que aún está por comenzar; porque hay presencias que no terminan sólo cambian de lugar y al final, como en todo lo que hizo, encontró la forma de quedarse y aunque podría seguir hablándole, porque las conversaciones con él nunca terminaban del todo, hay otra voz que lo conoció desde un lugar aún más profundo, mi Mamá, quien caminó a su lado, compartió su vida y estoy segura, todavía tiene algunas cosas que decirle y que decirles, porque si alguien supo entenderlo, y quizá también salirse con la suya a su lado, fue ella”… Qué descriptiva, emotiva y sentida semblanza la escrita y leída por Carmen Tonya en la reunión de los grupos de amigos con los cuales compartió su Señor Padre el Arquitecto Francisco Ernesto Álvarez Uribe… ¡Descanse en Paz! ¡Hasta mañana que será un día más!
Asistente: Erick Guevara González.