La intervención de Estados Unidos a Venezuela ha colocado a la opinión pública internacional —y particularmente a la mexicana— en una falsa dicotomía: o se celebras la captura de un dictador, o condenas la violación a la soberanía venezolana.
Quedarnos en esa polarización simplifica peligrosamente un acontecimiento que debería hacernos reflexionar de manera profunda como sociedad mexicana.
Ya que México no es un observador neutral ni distante de lo ocurrido en Venezuela. Querámoslo o no, compartimos el mismo sistema internacional, las mismas reglas y un contexto geopolítico actual igual de hostil. Las declaraciones de Donald Trump, equiparando a México con la Venezuela de Nicolás Maduro, no deben leerse como exabrupto o broma política, sino como ensayos discursivos que buscan instalar la idea de que ciertos Estados “han fallado” y pueden ser intervenidos.
Y cuando la perspectiva del Derecho Internacional, normaliza que una potencia extranjera use la fuerza para resolver lo que considera un “problema político”, ninguna democracia está a salvo. Por esto es que la experiencia venezolana deja de ser ajena y se convierte en una advertencia directa para México, un país que también atraviesa un proceso de debilitación democrática, con contrapesos nulos, partidos políticos desacreditados y una discusión pública cada vez más reducida a si estás a favor del poder o lo rechazas en absoluto.
De tal suerte, este acontecimiento no puede quedarse en conversaciones de sobremesa ni en publicaciones de redes sociales. Cada mexicana y mexicano debemos asumirlo como una lección dura y urgente: la defensa de la democracia mexicana no es tarea de gobiernos extranjeros ni de élites políticas nacionales, sino una responsabilidad individual y colectiva.
Hoy enfrentamos una disyuntiva real: o asumimos, la tarea de estudiar, comprender, exigir y defender nuestra democracia y nuestro territorio, o corremos el riesgo de convertirnos en testigos pasivos de una crónica anunciada, donde la intervención externa. Llamada estados unidos. se presentara como una falsa solución para México.
Con esta advertencia me despido con la ilusión de que reflexionemos, actuemos y no solo nos quedemos de opinólogos de café.