En el periodo hegemónico priista las fechas de conmemoraciones de hechos históricos nacionales, así como las que reunían a los representantes de los poderes e instituciones públicas, eran utilizados para dar muestra de la capacidad de convocatoria en apoyo al presidente en turno y al régimen surgido de la Revolución Mexicana.
Ya fuera el Día del Trabajo, el Informe Presidencial o el desfile del 20 de noviembrecientos de miles de personas eran movilizadas y abarrotaban no sólo el zócalo, sino también sus vialidades cercanas. Durante sexenios, el régimen fue dueño y señor de las concentraciones multitudinarias.
Sindicatos y organizaciones partidarias afines a los gobiernos tricolores cumplían con sus cuotas de acarreados corporativos, pasaban lista de asistencia y ofrecían ya bien la torta con alguna bebida o al menos las naranjas y el transporte. En algunos casos, a los provenientes de entidades federativas alejadas hasta el hospedaje se brindaba. Horas antes del inicio del evento, el lugar ya se encontraba casi lleno. La convocatoria siempre estuvo garantizada, utilizando recursos que nunca se transparentaban ni reconocían.
El presidente hablaba ante la masa congregada de los logros de su gobierno y festejaba las herencias revolucionarias de los anteriores. Señalaba y criticaba a los opositores, los reaccionarios, así les decían, cuya pretensión era regresar al poder por sus fueros y privilegios, sin importar el pueblo ni la justicia social.
No podía faltar, sobre todo cuando se gestaban movimientos estudiantiles, las aseveraciones sobre el respaldo de la mayoría de los jóvenes a la causa revolucionaria, pues los pocos inconformes, decían, estaban influidos por grupos económicos y hasta eran patrocinados por intereses extranjeros.
Los medios de comunicación, en su inmensa mayoría afines y dependientes del sistema, se apresuraban a publicar y comentar sobre la gran cantidad de asistentes, el ambiente festivo y el respaldo al presidente en turno, del que se había dejado testimonio, una vez más.
Cambiaron los nombres, las siglas y los colores. Pero en el fondo, con un sello distintivo del que hablaré más adelante, todo sigue siendo igual. También cambió el género del titular del Ejecutivo, aunque en realidad eso no ha devenido en ninguna diferencia notable, más allá del discurso y que algunas mujeres han sido incorporadas a cargos importantes, aunque poco influyentes, un poco como sucedió en los setenta y ochenta para calmar a las juventudes inconformes.
La expresión en El Gatopardo de Di Lampedusa sobre “cambiar todo para que nada cambie” cobró vigencia en este sistema político mexicano que sigue cimentado sobre las mismas bases. La concentración del sábado pasado fue como ver las del régimen hegemónico del PRI, aunque con una significativa diferencia, un sello distintivo.
Y PARA INICIADOS:
Una nueva fecha en las efemérides políticas. El sello distintivo. El primero de diciembre como el año en que Andrés Manuel llegó al poder. El día del arribo de la cuarta transformación a Palacio Nacional. Con el antecedente del sábado 6 de 2025, podría celebrarse en cualquier fecha cercana que facilite la movilización, que nunca aceptarán fue acarreo. El régimen está construyendo su propia historia, sus propias celebraciones. ¿Será que en dos o tres sexenios se sigan celebrando? Hagan sus apuestas.
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