La niñez y la adolescencia son etapas determinantes en la vida de todas las personas, ya que es en esta fase donde se forma el carácter, se aprenden los primeros valores y se adquieren hábitos que marcarán el rumbo de su vida futura. Por ello, cuando un adulto normaliza ciertas conductas frente a un menor, aún y cuando, las mismas puedan parecer inofensivas, inclusive motivo de broma; lo cierto es que envían un mensaje equivocado al menor de edad, incluso puede encontrarse ante la presencia de una conducta sancionada por la ley.
En este sentido, resulta conveniente citar lo establecido por el artículo 211 del Código Penal del Estado de Morelos, el cual dispone que: comete el delito de corrupción de personas menores de edad y de personas que no tengan la capacidad para comprender el significado del hecho, quien habitual u ocasionalmente, por cualquier medio, procure, induzca o facilite que las personas vulnerables realicen actos o exhibiciones eróticas o sexuales, públicas o privadas, sin fines de explotación, que puedan afectar su desarrollo.
Asimismo, el que faciliten el consumo de bebidas embriagantes, narcóticos o sustancias tóxicas que puedan alterar su salud o su desarrollo; o bien que lo induzcan a la comisión de un hecho delictivo o formar parte de una asociación delictuosa o de la delincuencia organizada. A quien cometa este delito se le impondrá una pena de cinco a diez años de prisión y de trescientos a quinientos días multa.
Es importante citar que, esta disposición legal no exige que el menor de edad desarrolle una adicción o presente un daño permanente para que exista responsabilidad, sino que basta sólo que un adulto facilite o promueva una conducta la cual resulte perjudicial para el menor de edad.
Además, aún y cuando, este delito pase inadvertido en la vida diaria, lo cierto es que forma parte de una realidad en el que ciertas conductas son socialmente y culturalmente toleradas. Por mencionar un ejemplo: resulta que, en una reunión familiar, donde un adulto le ofrece alcohol a un adolescente, utilizando frases como “para que se haga hombre” o “prefiero que lo hagas aquí y no en otro lado”, ¿Te suena?
Este tipo de comportamientos, aunque parezcan inofensivos, pueden generar consecuencias irreversibles, como el alcoholismo, el cual puede parecer poco dañino, pero lo cierto es que de acuerdo a la Organización de la Salud, México ocupa el décimo lugar en consumo de alcohol en América Latina.
Finalizo resaltando que, cada acto de permisividad, cada conducta que se normaliza bajo el argumento de que es una costumbre o que no pasa nada, puede ser el primer paso hacia consecuencias más graves. Por ello, es fundamental proteger las etapas de la infancia y adolescencia, recordando que los menores no son un campo de experimentación, ni de tolerancia en su conducta.