En Francia, a mediados de septiembre de 2026, un movimiento iniciado por estudiantes de secundaria por condiciones precarias en escuelas, falta de maestros, infraestructura deteriorada y sistema de admisión desigual, se transformó en un estallido nacional. Se sumaron sindicatos como la CGT, restos de los “chalecos amarillos” y sectores afectados por el alto costo de vida, la inflación energética y recortes a servicios públicos.
El 17 de octubre se movilizaron al rededor de 550.000 y 800.000 personas, buena parte de las marchas terminó en saqueos, incendios de edificios públicos y enfrentamientos, con más de 2.000 detenciones. El 24 de octubre, pese a un despliegue de 70.000 agentes y militares, y prohibiciones, volvieron a salir cientos de miles, pese a que la violencia se redujo esta, no desapareció. El contexto es de crisis fiscal, debilidad política de Macron que por cierto deja el cargo en 2027 y polarización previa a los comicios presidenciales. En México, las movilizaciones recientes son más sectoriales y fragmentadas, como los insistentes intentos del paro nacional de transportistas, por inseguridad, extorsiones y recorte de estímulos fiscales; plantones y marchas de trabajadores del IMSS por salarios y condiciones; acciones de la CNTE y colectivos sociales o indígenas. No alcanzan aún la escala ni la convergencia francesa, pero comparten detonantes: presión económica, deterioro de servicios públicos, percepción de inseguridad y desconfianza hacia las instituciones.
Qué podría ocurrir de forma análoga. Si demandas laborales, de seguridad y de costo de vida se articulan, como ocurrió en Francia al pasar de lo estudiantil a lo general, las marchas y plantones podrían crecer en frecuencia e intensidad, especialmente en la Ciudad de México y entidades con alta incidencia delictiva. El riesgo de radicalización o infiltración de grupos subersivos o violentos existe, aunque el tejido social mexicano y la tradición de negociación política suelen limitar la generalización de disturbios al estilo francés. El gobierno de Sheinbaum prioriza el diálogo y programas sociales, pero enfrenta límites reales de capacidad policial y fiscal. Sin respuestas concretas y visibles en seguridad y poder adquisitivo, el malestar podría escalar de protestas localizadas a un ciclo de movilizaciones más sostenidas, aunque es poco probable que alcance el nivel de caos visto en Francia en las últimas semanas.
Aunque estamos lejos de un estallido social como quizá el movimiento del 68, es importante cuidar los movimientos o reclamos sociales que vayan surgiendo al amparo de las necesidades sociales y Aquellos reclamos colectivos o no que surgan y más paradójicamente cercano a la elección del año próximo que de suya es muy interesante y crucial de cara a la segunda mitad del Gobierno de la Presidenta Sheinbaum.
Solo por citar uno de los problemas de credibilidad que enfrenta la 4T en el país es el ya conocido caso INE.
La popularidad y nivel de aceptación del Gobierno Federal y sus instituciones está más que nunca sometida a pruebas de credibilidad, funcionamiento y resultados visibles para la población y su entorno y sus familias.
Sin duda la elección intermedia, más allá de la renovación de las cámaras locales, y el Congreso Federal, pone en juego la estabilidad del proyecto transformador en aquellos estados en los que habrá elección de Gobernador, ya que no son pocas las entidades en que habrán elección 17; al rededor del 50 % más o menos de entidades del territorio nacional, las que pondrán en juego los destinos de sus entidades, pero más allá de eso, mi querido Teodoro, Así se definirá de una u otra forma, el destino político del país.
Y es por eso que este análisis empezó haciendo referencia a la situación ocurrida en Francia, como un foco latente de Estallido social que, deja de manifiesto la situación económica y de desarrollo Social en un país de primer mundo y con ingerencia en la economía Europea. Lo que insisto debe de alguna u otra forma tomarse como ejemplo o referencia del movimiento social en nuestro país. Los grandes movimientos sociales en la historia de la humanidad empezaron de a poco y fueron motivados por un hecho aislado, o quizá, en la percepción social insignificante.
Habrá que seguir de cerca el comportamiento de los sindicatos, de las agrupaciones sociales, de los colectivos feministas, de las madres buscadoras, de los estudiantes, incluso de los partidos políticos , y sobre todo debemos analizar y dar puntual que seguimiento muy de cerca al desenlace de los eventos que comprometen en lo público la credibilidad decíamos del Gobierno, y sus instituciones.