REBELIÓN EN DINAMARCA

Por Irradia Noticias

Ante la indiferencia gubernamental, en los próximos días detonará con mayor fuerza a nivel nacional el movimiento iniciado por los trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social.

​En este y muchos otros aspectos de la realidad nacional, el régimen actual ha seguido la estrategia de los avestruces, de esconder la cabeza bajo tierra.

Por ello, la inconformidad entre quienes conforman el sistema nacional de salud ha hecho crisis esta semana, luego de incubarse por meses y años, tal vez desde la trágica experiencia de la pandemia del coronavirus, que por la negligencia y la incapacidad de las autoridades, cobró como en ninguna otra nación del planeta la vida de miles de trabajadores del sector.

Por aquellos tiempos, y aún ahora, se presumió en un aberrante contraste que se estaba construyendo en México un sistema de salud de calidad mundial, superior al de Dinamarca, nos repitieron hasta el absurdo, sin importar el choque con las dramáticas evidencias que sufren quienes tienen la desgracia de enfermarse de algún padecimiento grave.

Ciertamente, las instituciones mexicanas de salud fueron modelo y referencia en el mundo hacia la segunda mitad del siglo pasado y en el arranque la actual centuria. Paulatinamente dejaron de serlo, desajustadas por la velocidad del crecimiento demográfico.La saturación de pacientes rebasó la capacidad de atención y generó diversas problemáticas en la calidad y oportunidad de los servicios, en el abasto de medicamentos y la disponibilidad hospitalaria.

Luego vino la 4t, y entonces la historia se volvió una tragedia. Sólo como un botón de muestra, durante todo el sexenio pasado se desarticuló la compra de medicamentos, hasta la caricatura de inventar una megafarmacia, que recientemente se cerró y aterrizó en la ocurrencia contraria: poner en cada clínica un mostradorcito donde surtir medicinas, como si no existieran para ello en cada unidad de salud salones apropiados donde no falta espacio, sino con qué llenarlo. De las carencias de equipo especializado, de aparatos, instalaciones, insumos y personal de alto nivel, ya ni hablamos.

Se ha recurrido hasta a importar médicos cubanos, y ensanchado a fuerzas la matrícula de las escuelas de medicina. Todo ello mientras oficialmente se niega que haya crisis, y alguna gobernadora de la que no quiero consignar su nombre, se ha atrevido a calificar como un “show mediático” la desesperación expresada por un médico agobiado ante la falta de elementos para cumplir su misión.

Ahora, decíamos, la crisis ha estallado. Trabajadores del IMSS mantienen desde la semana pasada un plantón frente a las oficinas centrales del instituto, y en los próximos días se anuncian movilizaciones nacionales, en la ciudad de México y en todas las capitales del país.

Se juntan otros temas, como un aumento salarial que si bienes complementado por algunos montos en prestaciones, es inferior al crecimiento de la inflación, y el abandono de su dirigencia sindical, a la que quieren destituir. 

El descontento se ha atizado por la reciente modificación a los estatutos gremiales, que endurece sanciones contra quienes denuncien públicamente la falta de medicamentos, la escasez de insumos médicos o el maltrato de superiores.

Entre tanto, ¿seguirá repitiéndose desde Palacio Nacional que en el sector salud, como en el país, todo va de lo mejor en el mejor de los mundos posibles?

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