VIRULENCIA DE PATO-NOTAS Y NOTAS-PATO

Por Irradia Noticias

Si tiene plumas de pato, pico de pato, patas de pato y hace ¡cuac!… es Merlín y no el mago, porque en un país repleto de desafíos estructurales urgentes, lo que más necesitaba la agenda nacional para despresurizar, era un pato pekinés con camiseta tricolor que consiguiera acaparar reflectores, aparecer en la tribuna del pueblo bueno en Palacio Nacional y poner en jaque marcas comerciales en pleno Mundial 2026.

El mágico fenómeno del pato Merlín, ha sido viralizado en redes sociales desde mediados de junio. Sobran videos del pato Merlín paseando por el Paseo de la Reforma y el Zócalo con su ajustada camiseta de la Selección Mexicana. Se le mira corriendo en las plataformas con velocidad sorprendente como queriendo meter gol.

La ternura del pato, el fervor futbolero y la estampa cotidiana de una familia humilde y trabajadora del Centro Histórico de CDMX, resultaron una combinación irresistible.

TikTok e Instagram acumularon millones de vistas; medios nacionales e internacionales lo elevaron rápidamente a “mascota no oficial” del torneo, con estimaciones de cientos de miles a varios millones de interacciones antes del 22 de junio.

Y es que el 22 de junio, Merlín completó un ascenso casi de fantasía. La familia de Karla Gómez, su propietaria, una madre soltera vendedora ambulante de agua embotellada, junto con sus hijos, fueron invitados a Palacio Nacional por la Presidenta Claudia Sheinbaum.

Si tiene plumas de pato, pico de pato, patas de pato, hace ¡cuac! y además genera ganancias, no solo puede ser foco de negocio, también es el pretexto perfecto para subir políticamente un rating en crisis.

En la mañanera del pueblo bueno, el pato Merlín, ataviado con su playera tricolor, llegó como todo un crack. Picoteó botellas, causó expectación, lo bañaron de flashes y generó momentos que se multiplicaron de inmediato en las redes.

La Presidenta aprovechó el contexto para resaltar y hacer brillar una historia de esfuerzo familiar y puso el aderezo en el pato Merlín anunciando apoyos sin que el aludido supiera o comprendiera de qué iba el asunto porque nunca le dijo: “gracias”.

Ese mismo día, la familia del pato, en una jugada de tablero -y muy seguramente con el apoyo y las facilidades gubernamentales-, puso un alto al comercio desleal. Fua a presentar ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial IMPI, la solicitud de registro del nombre e imagen de “Merlín” como marca.

La triangulación fue astuta porque ya varias empresas, entre ellas Domino’s México, Flexi y otras, habían incorporado la imagen del pato Merlín en sus publicaciones sin pedir permiso. Oportunistas buscando utilidades mediante la magia de la mercadotecnia.

Si tiene plumas de pato, pico de pato, patas de pato, hace ¡cuac! y deja dinero… es Merlín.

La familia ya reaccionó y ha calificado estos usos como no autorizados. Y es que según la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial, un registro exitoso les otorgaría derechos exclusivos por 10 años renovables. En una palabra: Merlín es un emprendedor nato y sus plumas valen oro.

No obstante, el vertiginoso ascenso a la fama tiene su lado menos fotogénico. Protectoras de animales y especialistas advierten sobre el “efecto Merlín”: un probable repunte en compras impulsivas de patos como mascotas.

Aunque no existe legislación específica sobre “mascotas virales”, las leyes de la Ciudad de México reconocen a los animales como seres sintientes y exigen trato digno.

Los patos requieren espacio adecuado, agua limpia, alimentación especializada y cuidados veterinarios aviares, detalles que suelen pasarse por alto cuando la motivación puede ser simplemente por seguir una tendencia o una moda.

Ejemplos con “gathijos” y “perrhijos” luego de la algarabía y la candidez del momento son abandonados y maltratados.

El caso del pato Merlín resume con precisión el poder de las redes para visibilizar historias comunes, la rapidez con la que las marcas capitalizan contenido ajeno y los límites entre fama digital y responsabilidad.

A este juego del destino en el contexto del Mundial 2026, algunos lo interpretan como un ejemplo legítimo de empoderamiento familiar; o sea, sacarse la lotería a través de un pato que ni idea tiene del fenómeno que ha causado y otros, notan claro que al aparecer Merlín en la Mañanera, fue estrategia política; una cortina de humo para distraer la opinión pública entre tanta crisis como la de las madres buscadoras que exigen hablar con la Presidenta y en cambio, un tierno patito fue el invitado de honor en Palacio Nacional.

Por lo pronto, no se sabe hasta cuándo o hasta dónde llegue Merlín en su fama internacional. Hoy, periodísticamente es la “pato-nota” o la “nota-pato” sobresaliente y, no se diga en las redes sociales donde sigue siendo “pato-viral”.

El futuro de Merlín entonces, dependerá del alcance del trámite ante Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial, las posibles alianzas comerciales y cómo responda la sociedad a las implicaciones éticas y de bienestar animal.

Al final, si tiene plumas de pato, pico de pato, patas de pato y hace ¡cuac!… es Merlín -que como un mago-, nos ha recordado y mostrado con ironía, cuánto nos seduce convertir lo cotidiano en un insospechado espectáculo con escala global.

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