La estampa es cotidiana, pero no por ello menos alarmante: niñas y adolescentes, de entre 5 y 17 años, habitan las esquinas y comercios de la zona metropolitana de Cuernavaca. Venden dulces, limpian parabrisas o cargan mercancía en una rutina que parece fundirse con el paisaje urbano. Sin embargo, detrás de esa aparente normalidad se oculta una fractura profunda: una infancia suspendida que sostiene, a pulso, una adultez impuesta por jornadas extenuantes y un abandono institucional sistemático.
Este fenómeno, aunque longevo, padece de una invisibilidad conveniente. En Morelos, la presencia de niñas trabajadoras es el síntoma de una falla estructural y de la ausencia de políticas públicas capaces de atender su vulnerabilidad. No basta con el registro estadístico; es imperativo cuestionar las causas: la pobreza persistente, la desintegración del tejido familiar y un entorno social que ha normalizado la explotación infantil como una estrategia de supervivencia.
El vacío que deja el Estado es ocupado rápidamente por la criminalidad. Sin redes de protección social ni vigilancia efectiva, estas niñas quedan expuestas a la explotación, la trata y el reclutamiento delictivo. No es una conjetura; es una realidad que se asoma tras cada nueva ficha de búsqueda.
En fechas recientes, la Fiscalía estatal ha multiplicado la difusión de alertas por desaparición de menores. Si bien algunas son localizadas, el problema de fondo permanece intacto: ¿qué las orilló a huir?, ¿de qué intentaban escapar? Mientras no se atiendan las causas de raíz, cualquier acción gubernamental será meramente reactiva y superficial.
Resulta cínica la contradicción: mientras las instituciones preparan festejos para el Día de la Niñez, miles de niñas en Morelos no tienen nada que celebrar. Para ellas, la infancia no es un espacio de juego, sino una carga diaria. Son figuras ausentes en los discursos oficiales, pero omnipresentes en cada semáforo.
Atender esta crisis exige más que retórica; demanda:
- Políticas focalizadas con presupuestos etiquetados.
- Programas de rescate escolar y atención psicológica integral.
- Mecanismos de seguimiento que trasciendan los periodos electorales.
Cada niña trabajando en la calle es una historia en riesgo. Cada ficha de búsqueda es una evidencia dolorosa de la desidia estatal.
Mientras el Estado decida seguir mirando hacia otro lado, la protección de la infancia en Morelos seguirá siendo una asignatura pendiente y una herida abierta.